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De la vitamina E a los GLP-1: cómo ha cambiado el tratamiento del hígado graso

Durante muchos años, el tratamiento del hígado graso fue limitado y, en la práctica, poco específico. Aunque hoy sabemos que esta enfermedad puede avanzar hacia inflamación, fibrosis y cirrosis, durante décadas no existieron medicamentos diseñados para actuar directamente sobre los mecanismos que dañan el hígado.

Las recomendaciones médicas se centraban principalmente en cambios en el estilo de vida: pérdida de peso, modificación de la dieta y aumento de la actividad física. Estas medidas siguen siendo fundamentales, pero no siempre logran detener la progresión de la enfermedad, especialmente en personas con alteraciones metabólicas importantes.

Con el tiempo, la investigación fue avanzando y permitió entender mejor qué ocurre en el organismo de quienes desarrollan hígado graso. Este conocimiento abrió la puerta a nuevas estrategias terapéuticas y marcó un cambio claro en la forma de abordar la enfermedad.

Ilustración de hígado recibiendo tratamiento farmacológico

Los primeros tratamientos farmacológicos: el papel de la vitamina E

Uno de los primeros tratamientos estudiados fue la vitamina E. Su uso se basó en su capacidad antioxidante, con el objetivo de reducir el daño celular y la inflamación en el hígado.

Algunos estudios mostraron mejoría en ciertos parámetros histológicos, especialmente en pacientes sin diabetes. Sin embargo, los resultados fueron variables y con limitaciones importantes:

  • No demostró un efecto consistente sobre la fibrosis hepática.
  • No estaba indicada para todos los pacientes.
  • Su uso prolongado generó dudas sobre seguridad en determinados grupos.

Por estas razones, la vitamina E nunca se consolidó como una solución definitiva. Representó un avance inicial, pero dejó claro que el hígado graso requería tratamientos más específicos y dirigidos a su origen metabólico.

Comprender el origen metabólico del hígado graso

Con el avance de la investigación, se hizo evidente que el hígado graso no es solo un problema del hígado. Se trata de una enfermedad estrechamente relacionada con alteraciones metabólicas como:

  • Resistencia a la insulina.
  • Obesidad.
  • Alteraciones en el metabolismo de grasas y azúcares.
  • Inflamación crónica de bajo grado.

Este nuevo entendimiento cambió la pregunta central: ya no se trataba solo de cómo proteger al hígado, sino de cómo corregir los procesos metabólicos que lo dañan de forma continua. A partir de este enfoque surgió el interés por medicamentos que, además de controlar la glucosa, tuvieran impacto sobre el peso corporal y el metabolismo en general.

Paciente con mejoría metabólica gracias a GLP-1

La aparición de los GLP-1: un nuevo enfoque terapéutico

Los agonistas del GLP-1 fueron desarrollados inicialmente para el tratamiento de la diabetes tipo 2. Su principal función es mejorar el control de la glucosa y regular el apetito, lo que favorece la pérdida de peso.

Con el uso clínico, se observó que estos medicamentos también tenían efectos importantes a nivel hepático. Estudios posteriores demostraron que los GLP-1 podían:

  • Reducir la cantidad de grasa acumulada en el hígado.
  • Mejorar parámetros de inflamación.
  • Contribuir a una mejoría global del perfil metabólico.

Estos efectos no se limitan a un solo órgano. Los GLP-1 actúan sobre un eje que involucra intestino, cerebro, páncreas y metabolismo energético, lo que permite intervenir en varios factores que favorecen la progresión del hígado graso.

¿Por qué los GLP-1 representan un cambio importante?

A diferencia de tratamientos previos, los GLP-1 no actúan de forma aislada. Su beneficio proviene de corregir procesos metabólicos que influyen directamente en el daño hepático. Entre las razones por las que se consideran un avance relevante se encuentran:

  • Reducción sostenida de la grasa hepática.
  • Mejor control de la resistencia a la insulina.
  • Impacto positivo incluso en personas con obesidad o diabetes.
  • Potencial para frenar la progresión de la enfermedad cuando se usan de forma adecuada.

Es importante aclarar que estos medicamentos no sustituyen los cambios en el estilo de vida, pero sí representan una herramienta terapéutica más sólida que las disponibles en el pasado.

Un cambio de etapa en el tratamiento del hígado graso

Hoy, el tratamiento del hígado graso se encuentra en una etapa distinta. Se ha pasado de opciones limitadas y poco específicas a terapias que responden mejor a la complejidad de la enfermedad.

Los GLP-1 no son el punto final, sino parte de una transición hacia tratamientos cada vez más dirigidos, algunos de los cuales buscan actuar directamente sobre el hígado, la inflamación hepática y la fibrosis.

Este cambio ofrece una perspectiva más clara para los pacientes: por primera vez, la investigación médica cuenta con tratamientos basados en datos sólidos y en un mejor entendimiento de los mecanismos que provocan el daño hepático.

Referencias:

  • American Association for the Study of Liver Diseases. (2023). Guidance on the diagnosis and management of metabolic dysfunction–associated steatotic liver disease. Hepatology.
  • European Association for the Study of the Liver. (2024). EASL–EASD–EASO clinical practice guidelines on the management of MASLD/MASH. Journal of Hepatology.
  • Sanyal, A. J., et al. (2021). Semaglutide in patients with nonalcoholic steatohepatitis. New England Journal of Medicine, 384(12), 1113–1124.
  • Younossi, Z. M., et al. (2023). Global epidemiology of metabolic-associated fatty liver disease. Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology.
  • Instituto Nacional de Salud Pública. (2023). Panorama de las enfermedades hepáticas en México. INSP.

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