El hígado es como la “planta de luz” de tu cuerpo: procesa todo lo que comes y bebes para darte energía y limpiar tu sangre. La hepatitis ocurre cuando este órgano se inflama, generalmente debido a un virus que provoca una "pelea" con tus defensas. Si esta inflamación dura mucho tiempo, el hígado empieza a llenarse de cicatrices (fibrosis) hasta que puede llegar a la cirrosis, donde el órgano se endurece y ya no puede trabajar bien. Debido a que el hígado es muy "aguantador" y rara vez avisa que está sufriendo, es fundamental realizar estudios de sangre que revelen cualquier alteración y llevar los resultados a un médico especialista.
Estas las dividimos en tres tipos:
Ojo: Muchas personas con Hepatitis B o C se sienten perfectamente bien. La única forma de saber si tienes el virus es con una prueba de sangre.
Aunque a veces no hay síntomas, mantente atento si notas:
¡Sí! La medicina ha avanzado muchísimo:
Si en tus estudios de sangre se muestra alguna alteración, es fundamental llevarlos con un médico. Si en tu Fibroscan se detecta daño hepático, es importante hablar con tu médico, ya que él decidirá si se requieren pruebas específicas para detectar la hepatitis. En el Centro de
Investigación y Gastroenterología (CIG), contamos con el Fibroscan y médicos especialistas que pueden diagnosticar estas enfermedades.
Detectar el daño a tiempo hace toda la diferencia. ¡Cuida tu planta de luz!
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