El hígado es el gran “laboratorio” de nuestro cuerpo: procesa nutrientes, elimina toxinas y produce sustancias vitales para la digestión. Sin embargo, cuando sufre daños durante mucho tiempo, su estructura cambia y esto afecta directamente la forma en que la sangre circula en nuestro organismo.
Tres términos que suelen aparecer juntos en este proceso son la cirrosis, la hipertensión portal y las varices esofágicas. Aunque suenan complejos, aquí te explicamos cómo se conectan entre sí.
La cirrosis no es una enfermedad que aparece de la noche a la mañana. Es el resultado de un daño prolongado (por alcohol, hígado graso o hepatitis, entre otras causas) que genera cicatrices en el tejido sano.
Imagina que el hígado, el cual debería de ser suave y flexible, se vuelve rígido como corcho, debido a estas cicatrices. Esta rigidez dificulta que el órgano cumpla sus funciones y, lo más importante, que la sangre pueda pasar libremente a través de él.
Para entender esto, imagina una autopista: la vena porta es la vía principal que lleva la sangre desde el intestino hacia el hígado. Cuando el hígado tiene cirrosis, funciona como un “bloqueo” en la carretera y, al no poder pasar fácilmente, la sangre comienza a acumularse, aumentando la presión dentro de la vena porta. A este fenómeno lo conocemos como hipertensión portal.
Como la sangre no puede pasar por el hígado debido a la presión aumentada, el cuerpo busca “atajos” o rutas alternas para regresar al corazón. Esas rutas suelen ser venas muy pequeñas y delgadas ubicadas en el esófago. Al recibir mucha más sangre de la que pueden soportar, estas venas pequeñas se inflan y se dilatan, convirtiéndose en várices esofágicas.
El mayor riesgo es que, al ser venas con paredes muy delgadas, las várices pueden romperse y causar un sangrado interno. Lo más importante que debes saber es que las várices esofágicas no suelen doler ni dar avisos previos. Por eso, si hay un diagnóstico de cirrosis, los chequeos periódicos son la mejor herramienta para actuar antes de que ocurra una Complicación.
Si ya cuentas con un diagnóstico de cirrosis o hígado graso, o si presentas síntomas digestivos que te preocupen, en el Centro de Investigación y Gastroenterología (CIG) estamos para acompañarte en este proceso.
Contamos con especialistas en hepatología que evaluarán tu caso de forma integral. Además, como centro de vanguardia, contamos con protocolos de investigación clínica donde algunos pacientes pueden acceder a nuevas alternativas terapéuticas en desarrollo. Cuidar tu hígado es cuidar tu vida. Permítenos orientarte.
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