La cirrosis y la diabetes tipo 2 son dos enfermedades crónicas que pueden interactuar de manera peligrosa en el organismo. La diabetes no solo aumenta el riesgo de desarrollar enfermedad hepática, sino que también puede acelerar la progresión de la cirrosis y complicar su tratamiento. A su vez, la cirrosis puede alterar la regulación de la glucosa en el cuerpo, dificultando el control de la diabetes. Esta relación bidireccional representa un gran desafío médico.
La cirrosis es la etapa avanzada de diversas enfermedades hepáticas crónicas. Se caracteriza por una fibrosis progresiva en el hígado, donde el tejido sano es reemplazado por cicatrices. Estas cicatrices impiden su correcto funcionamiento, afectando procesos vitales como la desintoxicación, la producción de proteínas y la regulación del metabolismo de la glucosa.
Las personas con diabetes tipo 2 tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedad hepática, incluso sin otros factores como alcoholismo o hepatitis. Esto se debe a la resistencia a la insulina, inflamación crónica y acumulación de grasa hepática.
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